Foto ganadora del Capítulo 19 es Rebeca Gómez Briones

Laura P Montejano

La foto ganadora del Capítulo 19 es Rebeca Gómez Briones, enhorabuena!

El Juego ha llegado a su fin gracias a todos los participantes!!!

Terminamos El Juego y la foto ganadora del último capitulo recibe un PREMIO ESPECIAL DE 500 € y además formará parte del foto libro de edición limitada que editaremos con la historia completa.

CAPÍTULO 19

Esa noche no atiné a hacer nada. Solo di vueltas y más vueltas; conseguí hacerle un nudo a la sábana con los pies sin darme cuenta. No podía dejar de pensar en todo lo que Garbino me había contado.

Había quedado con él a primera hora de la mañana. El amanecer asomaba con sus primeras luces y me recordaba que apenas había dormido; encendí la cafetera. Cuando salí de la ducha toda la casa olía a café. Disfruté muchísimo de esa sensación a hogar. Miré por la ventana y Garbino me devolvió la mirada. Le indique con un gesto que baja en diez minutos.
Garbino me abrió la puerta con una taza de madera tallada, llevaba un kimono de seda a modo de batín. Sin rodeos, me dijo que me tenía que enseñar su centro de mandos. No me dio tiempo a opinar, así que esperé a que se vistiera.

Bajamos las escaleras con premura, me guio por la calle. Era demasiado temprano, todavía estaban encendidas las farolas, y solo había un gato medio escondido que observaba con atención.
La escena era intrigante. No me había dado cuenta que Garbino se había adelantado, así que tuve que correr para alcanzarlo, me esperaba en la entrada del garaje. Estaba a oscuras, y olía a sitio donde puede ocurrir de todo. Bordeamos una furgoneta negra. Garbino se agachó y alargó la mano. Saco una llave del guardabarros trasero. Con la mirada, me pidió que le siguiera. Nos paramos delante de una puerta de trastero, y la abrió.

cara ya había pasado por todos los estados de ánimo, pero sin duda, los ojos se me salieron de las órbitas cuando entré en aquella habitación.

Allí estaban Maruja, o mejor dicho Frieda Struth, hablando vigorosamente con Antxon. Me saludaron con un tono muy familiar. No articulé palabra durante las dos siguientes horas. Antxon estaba involucrado desde el principio; Frieda se había puesto en contacto con él, antes incluso de que yo le alquilara el apartamento; le había convencido con la excusa de que yo estaba en peligro y necesitaba a alguien cerca para poder protegerme. No pude enfadarme con él.

Garbino había iniciado el despliegue de toda la habitación. De la pared bajaron unas pantallas de plasma, y del suelo salieron mesas de mandos, se parecían a las que tienen los meteorólogos cuando dan el pronóstico en la televisión.  Era una estación meteorológica muy avanzada, no creo que hubiera muchas más así en el planeta. Garbino me explicó que la había construido él, con financiación privada. Los de la Liga anti-HAARP eran gente muy poderosa. La estación estaba diseñada para contrarrestar los ataques que se estaban llevando a cabo desde la sede HAARP en Alaska. Su hijo estaba retenido y forzado a investigar desde hacía tres años. Tiempo en el que había desarrollado una tecnología capaz de provocar maremotos.

Garbino me pidió que me sentara en una de las sillas. Lo hice sin rechistar y menos mal. Me mostró una foto de su hijo. Era exacto a mí. Dos gotas de agua. Frieda me explicó que nuestros padres pertenecían a la liga, y que fueron asesinados en los Alpes, cuando teníamos dos años. La liga en ese momento, decidió separarnos para protegernos. Mi hermano gemelo se llamaba Gonzalo, y yo estaba temblando.

Lo prepararon todo para mi viaje a Gakona, pueblo en el que estaba emplazada la sede de HAARP, lo único que tenía que hacer era pasear por las calles, ser visto por los comercios, hasta que alguien me confundiera con mi hermano gemelo y creara el caos en el servicio de inteligencia americano. Esto sucedió tan solo una semana después de mi llegada.

Y ahora agentes creo que no tengo nada más que contarles. No sé dónde está mi hermano, ni nadie perteneciente a la Liga, así que creo que no pueden retenerme más en esta habitación, yo solo he venido a pasar unos días a este pueblo, y tengo mi vuelo de vuelta mañana. Me levanté y salí por la puerta. El día era claro y el plan había salido a la perfección.

El viaje de vuelta fue de lo más tranquilo. El señor que tenía sentado al lado me dio un papel con unas coordenadas.

Por fin iba a conocer a mi hermano.