Foto ganadora del Capítulo 18 es Bea Villegas

Laura P Montejano

La foto ganadora del Capítulo 18 es Bea Villwegas, enhorabuena!

Lee con detenimiento e inspírate para hacer una foto que ilustre el texto o parte de él.

Terminamos El Juego y la foto ganadora recibirá un PREMIO DE 500 € y además formará parte del foto libro de edición limitada que editaremos con la historia completa.

Capítulo 18

Garbino empezó por dónde se empiezan las cosas. Me contó que provenía de una familia que se dedicaba al secado de cereal. En el campo. Dónde la amplitud del paisaje le permitió disfrutar del viento, dónde disfrutaba oyendo a su abuela tocar el arpa. Pasó la mayor parte de su infancia solo. Hablando con árboles centenarios y bañándose en ríos de aguas frías. Observando el vuelo de pájaros en su migraciones. Estudió en casa. Una educación liberal basada en el autoaprendizaje y encaminada a una vida de libertad. Y de soledad. Consiguió una beca para estudiar ingeniería eólica en Dinamarca. El viento siempre estuvo muy ligado a la manera que tenia de relacionarse. Entendía más el viento que a las personas. Me lo dijo con melancolía, pero le brillaban los ojos. Con la pasión de saber que, pese a las consecuencias de una vida así. La volvería a vivir de la misma manera. Me contó que en la universidad creo un prototipo que consiguió patentar. La primera turbina eólica moderna. Le encumbró a la elite científica. Viajó. De cada viaje me mostró un objeto. Era un coleccionista de objetos. Me mostró una vitrina llena de botecitos de cristal con millones de tipos de arenas. De todas las playas en las que se sentaba a oír el viento. Tardé más de media hora en oler cada uno de ellos. Estaban perfectamente catalogados. La casa estaba llena de todo tipo de artilugios, había libros por todas partes. Pero ni una sola foto. Me respondió que era un amante de los objetos que le recordaban a situaciones de su vida, y que prefería el tacto a la vista. - El viento se siente. En ese momento un rayo de sol, que entraba por la ventana, se alineo a la perfección con una pirámide que estaba al fondo de la sala. Lo tenía medido. A Garbino le pareció curioso que me diera cuenta. Le hizo sonreír. Continuamos hablando. Me dijo que le recordaba a su hijo. Su cara se trasformó en una mueca de dolor profundo. Me explicó que su hijo se había metido en líos, y que ahora él estaba intentando ayudarle. Lo había fichado el gobierno de EE.UU para la investigación de las propiedades de la ionosfera y potenciar los avances tecnológicos en el campo militar. Me quedé tieso. Me explicó que gracias a ese proyecto podían llegar a modificar las condiciones atmosféricas en una zona limitada de la ionósfera y generar desastres naturales de manera programada. Solo atiné a preguntar qué pintaba yo en todo esto. Me respondió que había sido demasiado curioso. Eso. Y que Maruja me había alquilado el apartamento porque físicamente me parecía a su hijo y trabajaba como ingeniero electrónico en I+D. Maruja, que en realidad se llamaba Frieda Struth. Y pertenecía a Liga anti-HAARP. Me despedí con un hasta mañana y subí las escaleras a mi apartamento. Era noche cerrada y no sabía dónde me había metido.